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Sílvia Domínguez junto a la camiseta retirada de Petrovic
¡Saludos a todo! Esto que os voy a contar lo he tenido que escribir deprisa y corriendo, antes de salir hacia el aeropuerto, ya que durante las tres próximas semanas disputamos partidos de Euroliga como visitantes y apenas voy a disponer de tiempo para estar en casa. Todo el día viajando de un lado para otro.

Pues bien, ésta es la historia. El sábado pasado, en el partido contra Hondarribia, sufrí un golpe en la nariz que me obligó a abandonar el parqué. Al principio pensé que sólo sería un pequeño corte, pero resultó ser algo más: una fractura en los huesos propios de la nariz. Por suerte, eso no va a impedir que pueda jugar esta misma semana, aunque con la incomodidad de tener que dirigir el juego tras una máscara de protección. Doy por sentado que me pasarán mil cosas. Ayer mismo entrenando ya veía el aro un poco raro… jeje.

Bromas a parte, espero adaptarme rápido a esta nueva situación, a ser posible sin llevarme ningún balonazo en la cabeza por no ver el balón y sin sufrir ningún caño por no ver un pase picado…

Eso sí, ¡se acabaron las apuestas de tiros estratosféricos después de los entrenamientos! Normalmente suelo perder, así que imaginaros si hago esos tiros desde medio campo, de espaldas y con una máscara… Aunque me he llegado a plantear si el “factor máscara” podría convertirse en la clave para ganar alguna vez… En fin, ya os contaré.

Y para terminar, una exclusiva: os avanzo que la próxima actualización (con reportaje fotográfico incluído) será sobre el tremendo viaje que nos espera la próxima semana a Ekaterimburgo (en la Rusia más profunda). Si tenéis alguna propuesta sobre qué hacer durante siete horas en un aeropuerto, se aceptan sugerencias.

Por cierto, os dejo una foto de nuestro primer desplazamiento de Euroliga a Croacia. Seguro que a los amantes de Drazen Petrovic les encantará.


PD: Gracias a tod@s l@s que os habéis preocupado por mi salud en estos momentos. Si  queréis saber algo en especial o si os gustaría que hablara de algún tema en particular, se admiten propuestas.

Los que habéis seguido este verano el europeo femenino U20 sabréis todas las anécdotas puramente deportivas, pero desde aquí intentaré acercaros a la otra cara de esta convivencia.

El Europeo se disputaba en Sofía y nos hospedábamos en el Hotel Rodina, de 22 plantas, situado en el centro de la ciudad. Viendo que en el ascensor llamaban a la última planta “Panorama”, nos decidimos a subir las 12 jugadoras equipo en un ascensor para supuestamente contemplar unas magníficas vistas de la ciudad. Y digo supuestamente porque todo se quedó en eso, suposiciones. La realidad era bien distinta. Imaginaos las caras de todas al abrirse las puertas del ascensor y encontrarnos en un rellano en el que apenas había luz y con algunas cortinas rojas que decidimos que era mejor no atravesar. Era una planta para visitas, pero... para otro tipo de vistas.

En cuanto a las habitaciones, pues el problema de siempre: camas incómodas y pequeñas… pero eso era un inconveniente para las pívots más que para el resto.
 

La solicitada habitación wifi, a pleno rendimiento

Estábamos repartidas en 5 habitaciones +1. Digo +1 porque una de ellas más que una habitación parecía un ciber ya que era la única desde la que se detectaba la señal WiFi, por lo que en muchas ocasiones nos reuníamos allí casi todas las del equipo... a la vez. Era imposible encontrar un hueco para sentarte en la cama y menos aún mantener una conversación por el Messenger un poco privada.

 

 

Algo que nunca entenderé es que cada año hemos tenido el mismo conflicto en los europeos: las habitaciones no tienen persianas, sino cortinas que dejan pasar la luz totalmente. Las consecuencias: a las 6 de la mañana teníamos un primer despertar, digamos, no muy agradable.

El famoso tendedero improvisadoPor otro lado estaba el servicio de lavandería. Puesto que en el hotel era bastante caro, la delegada buscó una lavandería situada relativamente cerca. La sorpresa fue que al devolvernos la ropa limpia del primer día habían desaparecido algunos pantalones y camisetas de entrenamiento. Así pues, por seguridad, decidimos que las equipaciones de juego las lavaríamos nosotras para no sufrir más robos… teniendo que fabricar unos tendederos para la ropa con el tape de la fisio.

 

Y para acabar cuento la última anécdota. Normalmente, en las ceremonias de inauguración de los campeonatos, desfilan los equipos con todas sus componentes. Esta vez, nuestro equipo español se presentó de manera diferente y os cuento el porqué. Nuestro primer partido se jugó al mediodía con lo que regresamos al hotel a ducharnos y comer con el tiempo justo para volver al pabellón para el desfile inaugural. Un atasco monumental de camino al pabellón y un intento de timo en los taxis (protestamos porque querían cobrarnos 20 levas de más, 10 euros al cambio, entre unos y otros) provocaron que llegáramos a la ceremonia justo cuando finalizaba. Por eso el equipo español desfiló únicamente con la presencia de Susana García (entrenadora)  Carlos Moreno (doctor) y Jesús Blanco (jefe de expedición) al ritmo de un pasodoble, por cierto.

 

A pesar de las dificultades, el oro fue español

La verdad es que me pongo a pensar y salen mil y una anécdotas. Y es que la convivencia de 24 horas al día y el buen feeling de esta selección, aparte de conducirnos al oro, nos dejó recuerdos de por vida.

Antes que nada, creo que para inaugurar este blog lo mejor será presentarme. Aunque quizás a algunos les suene mi nombre, la gran mayoría seguramente no me conozca. Soy Silvia Domínguez, base del Perfumerías Avenida de Salamanca y jugadora de la selección sub-20 (¡las del oro! jeje) durante este verano.

 

Bueno, pues una vez hechas las presentaciones, hablemos de baloncesto. Porque si algo se respira en Salamanca es eso: baloncesto. Y más concretamente, baloncesto femenino. Una ciudad volcada con el equipo, una afición que es la mejor sexta jugadora del campeonato. Quizás os parecerá poco si os hablo de las 3.000 personas que acuden a todos los partidos que se disputan en el pabellón de Wurzburg; o del apoyo de la televisión y la radio, además de tres periódicos locales que nos siguen incluso por Europa. Y es que, aunque el baloncesto femenino va creciendo poco a poco, el ambiente que se vive aquí, afortunadamente para nosotras y desgraciadamente para el resto, es difícil de encontrar.

 

Este es el segundo año que el equipo disputa la Euroliga y lo afrontamos con mucha ilusión, con el objetivo de seguir mejorando y creciendo como equipo. En esta competición  nos encontramos con las mejores jugadoras del mundo, ya que la WNBA se disputa durante los meses de verano y eso permite a muchos equipos hacerse con las mejores jugadoras (especialmente en Rusia), por lo que siempre siento una motivación especial al tenerlas enfrente. 

 

A parte del baloncestístico, Salamanca también respira, y mucho, ambiente universitario. El hecho de que la mayoría de mis compañeras de equipo y yo vivamos en un edificio situado al lado de una residencia de estudiantes hace que tengamos muy presente este ambiente, y no sólo durante el día. Pero eso ya os lo contaré en otro momento... ¡Menos mal que ya se acabaron las novatadas!

 

Un saludo a todos los que leáis este Blog  y una sugerencia: dad una oportunidad al baloncesto femenino. Os sorprenderá gratamente. Y si no, preguntadle a los 3.000 que vienen a vernos en Salamanca (y porque no caben más...).