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30/05/2009

Querido Carlos, reconozco que la lectura de tu sesuda, e interesantísima, disección de esta semifinal casi me noquea. Mis castigadas neuronas procesaron sin mayores complejos guarismos varios y apellidos más o menos ilustres hasta que se toparon con una palabra. Escrita en mayúsculas, cabrito. BALDOSA. Sí, ese cuadrado desde donde el gran Alberto Herreros nos birló una Liga hace ya cuatro años. Reconozco abiertamente que se me cambió el gesto, me subió la temperatura (tampoco demasiado, no vayan a asustarse mis familiares) y tuve que agarrarme al reposabrazos para evitar desplomarme. Mentar aquellos cuarenta segundos fatales en los que el Baskonia desperdició ocho puntos, y con ellos una Liga ACB, causa urticaria por estos lares. A veces, hasta prolongados vahídos y una tristeza prolongada.

 

Quizá por eso me presenté en el Buesa Arena algo cabizbajo, con un mal cuerpo que ni te imaginas y la mirada huidiza. No quería ni mirar al parqué no fuera a reproducirse aquella pesadilla. Menos mal que empecé a oír los gritos del público, las ovaciones o la tonadilla del 'Equipo A' (himno oficioso de todo baskonista). Por fin me decidí a abrir un ojo. Luego el otro. Y lo que oteé fue un bloque que, sin acercarse a la excelencia de lo que vivimos en enero o febrero, sí dominó a otro que se dejó la piel en el intento. Ojalá el jueves podamos lograr el milagro de descerrajar Vistalegre, aunque mucho me temo que tus jefes, querido Carlos, volverán a enviarte a la ciudad que no se ve en el mapa para que trabajes un poco y sigas apelando al espíritu de la BALDOSA. Un abrazo, crack.