El tiempo de los maleficios parecía aparcado con la eliminación de mi estimado y merengón Carlos. Sin embargo ayer, Gianluca Basile agregó otro momento dramático a la lista negra del Baskonia. Cuando todo el Buesa Arena cogía aire para tocar el cielo de un salto, el italiano -un ejemplo de profesionalidad- nos dejó helados a todos. A todos los baskonista por supuesto, porque supongo que el insigne Huguet estará esperándome con una sonrisilla de diablillo.
¿Qué decir después de semejante estocada? Poca cosa, felicitar al Barcelona por quebrar en 40 minutos una ventaja que el Baskonia ha tardado nueve meses en amasar, pero felicitar también al TAU Cerámica por su pundonor y amor propio para maquillar sus deficiencias ante una escuadra que tiene de todo y en cantidades industriales. ¿Quién se acuerda de la ausencia de Barton, su único tres puro, cuando Ilyasova puede realizar perfectamente el mismo trabajo?
Querido Huguet, esto no ha hecho salvo empezar y si fuimos capaces de superar el trauma de la baldosa de Herreros (lean a Carlos Sánchez Blas), ¿por qué no vamos a lograrlo una vez más? Prefiero pensar que el sábado, el miedo escénico del Buesa Arena -el embrujo de catorce meses sin un solo tachón no se pueden esfumar de una tacada- surta su efecto. Si no es así, ya veo al bueno de Huguet cogiendo sitio en Canaletas.
