Ya tenemos la semifinal delante del parabrisas. Once días son una eternidad. Y en baloncesto, casi una vida. Parece que era el año pasado cuando el TAU descerrajó el BEC (Corti, espero que vayas con nosotros). Quizá por eso quede preguntarse qué ha cambiado en todo este tiempo. ¿De qué le ha servido al Baskonia este periodo de preparación extra? Casi una pretemporada para algunos, por cierto.
La cosa es que en los equipos de Dusko Ivanovic -un tótem aquí, no vayan a creerse lo contrario-, tanto tiempo en la sombra nunca se sabe si es productivo o contraproducente. Sabemos que el doliente Ilievski estará en condiciones de echar una mano, que jugadores desgastados al máximo como Prigioni habrán podido oxigenarse... Sin embargo, tantos días seguidos de faena lejos de los focos -con Dusko uno no trabaja, se exprime-, devuelven los interrogantes alrededor del campeonísimo de la fase regular.
Ante dichas sombras, ahí están antídotos como los 22 triunfos seguidos en el Buesa Arena (qué bien suena). Aún quedan entradas, pero seguro que el coliseo azulgrana arderá mañana ante semejante cartel. Es lo que tiene enfrentarse a todo un Real Madrid. Siete veces hemos cruzado miradas -y algo más, ¿verdad Ramón Rivas?- con el equipo de la capital del Reino y en seis salimos por la puerta atrás. ¿Quién no recuerda en Álava los cuarenta segundos de la final de 2005? Por eso, y por mucho más, es la hora de que el Baskonia se quite un peso de encima. Lo siento querido Carlos, pero me da que esta vez lo único bueno que te espera en Vitoria es una comilona en alguno de los múltiples restaurantes que tanto os gusta visitar. Este Baskonia, con sus defectos que los tiene, lleva todo el año interiorizando momentos como el que se avecina. Es momento de respuestas. Y en TAU sobran oradores.


