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Orange
13/06/2009
Iba de camino al Buesa Arena en un taxi con mis amigos alemanes Oli y Martin Pushwadt (espero haberlo escrito bien chicos pero es que vuestro apellido se las trae). Ellos, germánicos, amantes del balompié y poco dados al romanticismo mediterráneo se preguntaban qué posibilidades tenía un equipo con menos efectivos, mucho más livianos y encima consumidos por las lesiones. Ni el señor taxista, un experto en la materia a tenor de sus comentarios, acertaba a recabar argumentos optimistas. Así que nos dirigíamos al templo baskonista algo derrotados, lo reconozco.

Menos mal que nuestros chicos, y una afición acorde a la temperatura que exigía la cita, nos han devuelto la esperanza. Hemos vuelto a sufrir, a gritar, a comprobar cómo se nos erizaban los pelos de nuestros brazos... Qué duro y qué gustito. Ha sido agotador, aunque el esfuerzo ha valido la pena. El TAU Cerámica y todos los que profesamos su religión -por cierto, un saludo para mis amigos sevillanos Juan De la Huerga, Samu Silva, y Alberto Fernández, afectados todos ellos por el mismo virus- hemos recuperado hoy la sonrisa. Puede que nos dure un telediario, pero nadie nos va a quitar el subidón.