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Aunque los pronósticos no son lo mío -esperaba más de muchos jugadores del Pamesa hasta ahora 'tapados'-, ya advertí que el Barça, pese a ser el gran favorito en esta serie, iba pasarlo como mínimo muy mal para estar en semifinales.  El primer partido me ha dado la razón, ¿veremos el segundo?.


Comentaba mi colega José I. Huguet en su opinión previa al primer choque que no encontraba ningún argumento para que el Pamesa complicara la clasificación a este FC Barcelona. Compruebo con cierta incredulidad que sigue sin encontrarlo tras el 'canguelo'  colectivo en el Palau. Intentaré darle alguno para este segundo choque en Valencia.


El Pamesa juega en casa el que a lo mejor va a ser el último partido de la temporada ante su afición. Traduzco. Eso significa que si tiene que morir deportivamente, lo va a hacer con las botas puestas ante un pabellón abarrotado -algo muy diferente a lo que fueron las gradas del Palau este domingo-. Y es que aunque justo es reconocer que el Barça no ofreció ni de lejos su mejor versión, que nadie olvide que el Pamesa tampoco. Aún así, tuvo la última posesión para ganar el partido. Fue el equipo grande, el juez, el que decidió el resultado. Repito, en su mano -mejor dicho en la de Rafa Martínez- estuvo cambiar el signo que ahora mismo figura en la eliminatoria.


Y es que sólo con Oliver-gran artífice del arreón final- y Nielsen a un buen nivel, acompañados por Perovic y Pietrus, el equipo 'taronja'  se bastó no sólo para plantar cara al poderoso Regal FC Barcelona, sino para casi noquearle. Por el contrario Claver, Gregory, Avdalovic, Miralles y Rafa Martínez estuvieron más bien discretitos. De Shammond Williams mejor ni habló -aún no tengo claro si jugaba con nosotros o estaba recordando su pasado con la elástica blaugrana-. Cuando todos augurábamos que el Pamesa tendría que exhibir su mejor cara para competir con el Barça, nos desayunamos con que ni siquiera hizo falta. Y eso, pese a la derrota, es muy positivo de cara al siguiente encuentro en La Fonteta.


Estoy de acuerdo con que a este equipo le sobra inocencia y le falta instinto asesino para ganar partidos de este tipo, pero eso, aún sin pretenderlo, cambia en décimas de segundo. Las que te dan la confianza necesaria para creer en tí y en tus posibilidades. Algo en lo que el Pamesa, tras lo vivido en el Palau -labor arbitral aparte-, ya cree. Hambre sobra y todavía hay margen para recuperarse del tropiezo. Como ya dije, ahora hay que saber hacerlo. La eliminatoria sigue abierta y, aunque parezca una contradicción, estoy seguro que mucho más que antes del primer partido.