Llegando al Palau supe que el Barça tenía mucho ganado antes de empezar su tercer partido de la final. A diferencia de lo visto hasta ahora en los playoff, había largas colas de vehículos intentando acceder al parking de las instalaciones del club. La afición había vuelto y en el caso de la azulgrana sí que se hace bueno el tópico del “sexto jugador”. El Barça sólo ha perdido tres partidos en casa esta temporada, el primero en un desliz (todos los equipos suelen tener al menos uno a lo largo del año) ante el Estudiantes y otros dos frente al Tau. Pero resulta que, tras romper su racha negativa frente a los de Ivanovic, el equipo azulgrana le bailó en los dos últimos (85-62 y 78-62) jugados al amparo de su afición.
Y este martes le bailó otra vez. El Tau, que parecía ser el único equipo con la llave maestra para abrir las puertas blindadas del Palau, lleva tres partidos dándose cabezazos contra las murallas del coliseo azulgrana. ¿Se le ha olvidado jugar? Claro que no. Lo que pasa es que el equipo de Vitoria ha perdido la ventaja mental que le proporcionaba su enorme racha contra el Barça (siete victorias seguidas) y con ello mucho de su peligro. Ahora se han cambiado las tornas: es el equipo de Xavi Pascual el que ganó el playoff de Euroliga y es el equipo de Xavi Pascual el que se muestra inabordable en su feudo. ¿A qué puede agarrarse el Tau para mantener la fe en sus opciones de hacerse con el título?
La verdad es que a poca cosa. Con Splitter y Teletovic mermados de facultades y el depósito de gasolina en reserva, o eres más fuerte que tu rival a nivel mental o estás medio muerto. El Barça ha llegado al momento definitivo de la temporada con mucha más energía y confianza.
Todo puede pasar en el mundo del deporte, lo sé muy bien desde que el TDK Manresa ganó una Liga ACB hace unos cuantos años. Pero mucho tendrían que cambiar las cosas en dos días para que el Barça no acabe levantando este jueves el trofeo de campeón.
Y lo mejor de todo es que tú, mi querido amigo David, piensas lo mismo que yo.
