En el baloncesto, como en todos los deportes, existen numerosos factores que acaban determinando el éxito o el fracaso. Una buena preparación física, el talento natural, el estado de forma, incluso, para qué negarlo, la suerte. Podríamos estirar esta lista mucho más, pero voy a centrarme en un elemento que considero que puede ser crucial en la semifinal que arranca este domingo entre el Regal Barça y el Unicaja. Un elemento que hace unos años el sabio Johan Cruyff definió con gran acierto como ‘el entorno’.
Este concepto nos sirve para englobar todas aquellas influencias que le llegan al equipo desde el exterior y que pueden condicionar seriamente su acercamiento a la competición. Pueden ser influencias cercanas (familia, amigos, vecinos, otros trabajadores del club,...) o menos directas pero igualmente importantes (afición, medios de comunicación,...). El jugador está acostumbrado a lidiar con el entorno, a intentar obviarlo para centrarse en su trabajo sin condicionantes de ningún tipo. Pero a veces la cosa se sale de madre y el entorno se convierte en un rival casi tan duro, o más, que el que vamos a encontrarnos en la cancha.
Y esa es la situación del Regal Barça a las puertas de su semifinal contra el Unicaja. El equipo de Xavi Pascual ha realizado una temporada bastante mejor que la de los malagueños y, sobre el papel, es favorito en la serie. Pero llega a este cruce decisivo envuelto en un estado de opinión que no le va a ayudar nada. Me explico. Barcelona vive desde hace unas semanas en una nube de euforia colectiva por los éxitos del equipo de fútbol. Y desde el miércoles por la noche, con la obtención de la Champions League, de esta nube ha empezado a llover una baba que lo está arrasando todo.
Para el grueso de la afición azulgrana, ebria de éxito, la temporada ya ha acabado y es hora de disfrutar. Fiesta grande en Canaletes (ya van varias en un mes y medio), rúa de los campeones por unas calles abarrotadas, euforia colectiva sin límites... ¿Alguien se acuerda de que el equipo de basket se juega media temporada a partir del domingo? Me extrañaría que el Palau registrara en el primer partido una entrada mejor que la del día del Pamesa, cuando apenas se superaron los 4.000 espectadores. Los medios de comunicación también tenemos nuestra parte de culpa. Sin ir más lejos, en mi propio diario, que suele distinguirse por tratar el baloncesto con especial mimo, nuestro deporte ha quedado reducido estos últimos días a la mínima expresión ante el huracán Guardiola.
Por si fuera poco, el Regal Barça llegará a la cita tras haber estado doce días sin jugar un partido oficial. Sí, es verdad, el miércoles jugó en Siena un amistoso contra el Montepaschi pero me da la impresión de que lo más importante que sacó el equipo de su viaje a Italia (derrota por 97-80) fue poder asistir en directo... ¡a la final de la Champions! Mientras tanto, el Unicaja no cerró su serie contra el Kalise hasta el pasado domingo y desde entonces vive (como sus aficionados y sus medios afines) sólo pensando en el partido del Palau.
Pocas veces el Barça de basket va a encontrarse una afición menos tensionada, unos medios de comunicación menos exigentes, un pasotismo tal respecto a su suerte... En definitiva, un entorno menos favorable. Xavi Pascual tiene ante sí probablemente el reto más difícil que se le ha planteado desde que cogió las riendas del equipo hace algo más de un año. Debe conseguir que su equipo se aísle por completo del entorno y tenga su cabeza en una sola cosa: en salir al cien por cien y hacer su baloncesto, ese baloncesto que debe llevarse a llevarse el título ACB. Porque la temporada, a pesar de lo que pueda parecer, aún no ha acabado.


