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Gary Lineker se hizo famoso, aparte de por sus goles, por definir el fútbol como “un deporte en el que juegan once contra once y en el que siempre gana Alemania”. Si el delantero inglés supiera de basket seguro que para él un playoff Barça-Unicaja sería “un duelo equilibrado en el que el Barça las pasa canutas pero siempre acaba superando a un rival que no le sabe rematar”.


Y es que ya son seis los playoff ACB que han enfrentado a ambos equipos y las seis veces el Barça se ha llevado el gato al agua, algo que no cuadra con la igualdad que generalmente han vivido estas series. La presente temporada es el mejor ejemplo. De sus cinco enfrentamientos (contando con los de fase regular), el Unicaja ha ganado dos y el Barça tres, pero todos ellos por pelos: dos en la prórroga y uno tras sufrir hasta los últimos minutos.


Los más jóvenes no sabrán de qué les hablo, pero los que tengan ya algunos añitos seguro que vivieron el domingo el mismo ‘flash-back’ que yo. Por unos segundos el Palau Blaugrana se transformó en el viejo pabellón Ciudad Jardín y Omar Cook en Michael Ansley. Corría el año 1995 y nunca el Unicaja había estado tan cerca del título ACB. Dominaba 2-1 la final contra el Barça y, con 78-80 en el marcador, disponía de un último ataque para coronarse campeón. Ansley, imparable durante aquel encuentro (37 puntos), decidió jugarse un triple y el balón acabó repelido por el aro ante la desolación de la afición malagueña. Catorce años después la historia se repite.


Me acordé de Ansley y también de Archibald, que tras realizar una última final de Copa memorable, no se atrevió a lanzar desde tres metros en buena posición y sacó fuera el balón para Berni Rodríguez que, muy forzado, recibió un tapón de Mickeal. El escocés había tenido en sus manos el tiro para forzar la segunda prórroga pero se arrugó, igual que se arrugó el domingo Ndong en idéntica situación, aunque en el caso del senegalés su tiro todavía tenía más premio: era para ganar el partido y llevar a su equipo a la final ACB.


El Barça debe dar gracias al cielo por esta maldición de Unicaja que le ha permitido plantarse en la final ACB. El equipo azulgrana sigue sin mostrar su verdadero potencial desde el varapalo de Berlín, atenazado por la presión de cerrar en blanco un año que hasta hace poco pintaba muy bien. A pesar de ello, está ya donde quería y es el momento de sacudirse sus fantasmas. La ventaja de campo y la condición de favorito son ahora para el Tau, lo que debe servir a los chicos de Xavi Pascual para soltarse y jugar mucho más relajados de lo que han hecho hasta ahora en estos playoff.


No voy a ser tan loco como para hacer pronósticos tras mi estrepitoso fracaso como Rappel de pacotilla (la bola de cristal está desde hace días en el vertedero), pero tengo la impresión de que a partir del jueves vamos a ver a un Barça diferente, mucho más fresco de piernas, muñeca y cabeza. Como aquel que superó al Tau en el playoff de acceso a la Final Four de la Euroliga.