Queridísimo David, ¡cómo me hubiera gustado ver en directo tu cara, o la de Óscar Sanmartín (Diario de Noticias) o la de Rafa Muntión (Radio Vitoria), cuando Basile enchufó su triple desde Vladivostok! Eso duele, lo sabes bien, no tienes más que recordar la baldosa de Herreros.
Ya sé que esto no ha hecho más que empezar, pero me da la impresión que mi bola de cristal no funciona tan mal y que el 3-1 para el Barça que pronostiqué tras la victoria en el PRIMER partido contra Unicaja no es algo tan descabellado como muchos pensaron entonces. Sólo lamento no haber aceptado la apuesta en contra que me lanzó colomense, el megacrack del SuperManager (un saludo, sé que leerás estas líneas), hace sólo un par de días.
La historia dice que el equipo que gana el primer partido se ha llevado el 92% de las finales de la ACB. Pero yo no entierro todavía al Tau, no te pienses, sé que es un equipo capaz de lo imposible, como demostró perdiendo un título tras ir ganando por 8 puntos a 40 segundos de la conclusión del quinto encuentro.
Está bien, está bien, dejaré de meter el dedo en la llaga y de sacar pecho, que todavía queda mucho, e intentaré dar alguna clave de lo sucedido en este primer partido. ¿Cómo es posible que el equipo que coge más rebotes, que pierde menos balones, que lanza más tiros de campo y más tiros libres acabe perdiendo un partido? Básicamente por una cosa: porque las muñecas de sus jugadores tiemblan más que la de su rival. Toda la presión que en lo que va de Playoffs había agarrotado el Barça se trasladó a las espaldas del equipo de Ivanovic, que en este arranque de la final puso bastante más esfuerzo y agresividad que acierto. A nivel mental, el Barça salió mucho mejor preparado para la batalla y ello le permitió compensar con unos excelentes porcentajes la superioridad del Tau en casi el resto de conceptos del juego.
Cualquiera podía haber ganado, no nos engañemos, pero creo que la victoria del Barça fue justa y premió su valentía y su falta de complejos. El Tau se ha dado cuenta de que el Buesa Arena es un fortín salvo para el equipo de Xavi Pascual. De cómo gestione mentalmente esta innegable realidad dependerá en gran medida la suerte de esta final.


