Es domingo, el día habitual para ir a misa y rezar. Para uno, que es ateo y su única religión es el baloncesto, se le presenta la oportunidad de reflexionar con lo más cercano que tiene a Dios, José Manuel Calderón.
Dentro de esta extraordinaria generación de jugadores, una debilidad personal es el extremeño. Sus bondades en la pista de baloncesto son incalculables, pero su figura fuera de ella se agranda todavía aún más. Nunca tiene un mal gesto con periodistas o aficionados, si está en su mano siempre te ayuda. Conmigo ha tenido un par de detalles por los que le estaré eternamente agradecido... para mí, si el baloncesto es una religión, Calderón es uno de mis dioses.

Hablo con él y su optimismo entorno a la selección hace que, poco a poco, me crezca en ánimo. La conversación es distendida y a pesar de su status de estrella de la NBA siempre recuerda de dónde viene: humildad y trabajo son las palabras que más se le escucha. Cuando uno conoce a José, su padre, entiende lo importante que es el entorno familiar y la buena educación a la hora de generar auténticos cracks como es nuestro base.
El tema del día son las palabras de Marc Gasol y la moral de Sergio Llull. Del primero sólo os puedo decir, que es un tío noble como pocos. En la entrevista a FIBA su crítica es clara y directa a los árbitros. Me entero que él al instante se da cuenta del error de sus palabras, por eso un tío tan honesto quiere rectificar en el acto. Marc es un grande del baloncesto con un gran corazón.
Sé que Sergio acabó jodido el partido, pero no por las declaraciones y el lío que se montó, sino por no haber metido la canasta. Reconoce que existe el contacto y la falta. A lo largo de las entrevistas del día, bromea con su relación con Marc (son compañeros de habitación). Es imposible que exista fractura porque a mí me enseñaron en matemáticas que + y + siempre es = +. Tanto Marc como Sergio dos tíos tan nobles que se merecen ser protagonistas positivos en este Eurobasket.
Avanza el domingo y el día en Lodz no invita al optimismo. Hace aire y está nublado, la opción de quedarse en el Hall del hotel y trabajar pasa de ser una posibilidad a una realidad. Como si de una tarde de domingo de invierno se tratase, trasladamos de España a Polonia la sesión de sofá, cine y palomitas. En este caso el sofá se convierte en cómodos sillones de un hotel de lujo, las palomitas en café y cervezas y el cine en sesión de ordenador.
Una de las cosas por las que este viaje merece la pena es por la oportunidad de hablar con grandes profesionales del baloncesto. Durante años yo he seguido sus carreras; les he leído, escuchado y visto; ahora tengo el lujazo de convivir con gente tan grande como Albert Arranz de Onda Cero.

Albert, además de ser un tipo genial y muy amable, es un enamorado de los deportes americanos. Junto a su ordenador y disco duro, repasamos videos históricos de NFL, o fútbol universitario. Con su memoria electrónica nos enseña una de las jugadas más sorprendentes que he visto.
La tarde pasa y entre los presentes recordamos con nostalgia serie como Magnum o Enredo. Los años pasan y uno que ya roza la treintena comienza a darse cuenta de que ya no es tan joven; la copa después de la cena en el pub de Lodz confirma la teoría que el chumba-chumba musical es cosa del pasado.
Desde la distancia el fútbol da una alegría. Mi Valencia ha ganado al Valladolid por dos a cuatro. Seis de seis y colíderes con Barcelona y Real Madrid. Roberto, seguidor del Valladolid, baja antes de cenar y dice que se acuerda de mí... Normal, mi pronóstico era que el Valencia palmaría uno a cero. Me alegro de haberme equivocado.
Ya es de noche, pero antes de cenar mantengo una conversación con Jorge Garbajosa. Me sorprende la claridad de ideas del pívot. Ahora comprendo porque muchos entrenadores dicen que es el jugador más inteligente que han tenido. Hablamos de un partido histórico de esta selección, le recuerdo lo grande que son y le deseo lo mejor para los siguientes partidos. Cada vez estoy más convencido de que se merecen lo mejor estos tíos, hoy especialmente por Marc y Sergio.
PD: El día deja la oportunidad de saludar a unos aficionados de Valencia. Han venido a apoyar a la selección y me sorprende que me reconozcan. Parece una tontería, pero hace ilusión que se quieran hacer una foto conmigo. En días duros también los periodistas necesitan que les levanten el ánimo reconociendo su trabajo. A ellos también les deseo lo mejor porque, como todos, no nos merecemos sufrir tanto.
