Sí, ya sé que seguramente todos vosotros estaréis desilusionados. Los habrán pesimistas y otros que estarán rajando, pero pensad que esto no ha hecho nada más que empezar y que, por suerte, un mal día sólo dura 24 horas. A la Pérfida Albión nos la comemos con patatas, zlotys o con lo que haga falta. Entiendo que la derrota ha sido dura, pero creedme que soy uno de los tíos más jodidos por la derrota.
Después de dos días de compromisos y visitas a la ciudad, no sólo jugadores están con ganas de entrar en acción, los periodistas también queremos que empiece la marcha y quizá porque habían tantas ganas de currar es que no he podido esperar al partido y junto al que ya considero mi hermano de Varsovia, Carlos Sánchez Blas, fuimos al entrenamiento de Serbia para coger declaraciones de Kosta Perovic.
Desgraciadamente no todos los equipos son igualmente de elegantes y no todos los jefes de prensa son tan eficientes como los nuestros. Después de madrugar y estar allí esperando casi una hora, termina el entrenamiento y nos dice el jefe de prensa serbio que no podemos hacerle ni dos preguntas. Estábamos enfadados pero hasta un punto era lógico porque el día del partido siempre se entiende que se extremen las precauciones.
Lo que ya nos tocó la moral fue ver como compañeros serbios sí podían hablar con los jugadores. Nosotros, como buenos periodistas pesados y puñeteros volvimos a insistir, y entonces fue cuando descubrimos el motivo real por el que no nos dejaban hablar con ningún serbio, Dusan Ivkovic no permitía que ningún jugador hablara con periodistas españoles el día del partido. Nos remitían a otros días pero ¡Si no era hoy, cuándo nos va interesar Serbia! El mosqueo era tal que si antes ya queríamos que España ganara desde entonces queríamos que la paliza fuera considerable.

Tenía pensado reírme de la jugada, rajar y decir que lo de no dejarnos hablar era una soberana tontería y que al final España les había pasado por encima, pero al final Ivkovic nos la ha metido doblada. El ahora ríe y nosotros ya pensamos en el primer vuelo que sale hacia Madrid... ya sabéis que los españoles no tenemos medida. Lo bueno que tiene vivir en los extremos es que mañana ganaremos y volveremos a ser los mejores, tiempo al tiempo.
Con todo, y a pesar de la derrota, no cambiaría el día de hoy por nada. Tener la oportunidad de estar en un Eurobasket y vivirlo desde dentro es mágico (no valen coña con la frasecita de Ricky) y puede sonar a tontería pero para uno que ama este deporte el estar aquí y hacer la crónica de un Eslovenia-Gran Bretaña se convierte en algo realmente emocionante.
No os miento si os digo que se me han puesto los pelos de punta y por el cuerpo me ha recorrido una sensación como la que se tiene antes de hablar con una tía que os gusta. Aunque la pista no es gran cosa y el ambiente parece más una discoteca de Ibiza que una pista de baloncesto, el espectáculo de la afición eslovena ha sido grandioso. Los 1.500 eslovenos se comieron a los británicos en la pista y en las gradas. Especialmente emocionante fue el momento de los himnos. Entre la megafonía que la pusieron en exceso y el canto de la afición, hasta a uno le dio ganas de ser esloveno... el mítico God save the Queen quedó reducido a la mínima expresión. Así les fue
Como diría el Gran Wyoming, mañana más y mejor. Creedme cuando digo que esto no ha hecho nada más que comenzar, yo estoy con Pau Gasol y esto no es como se empieza sino como se acaba.


