A lo largo de los últimos meses, la lógica bajada de rendimiento de un Derek Fisher al que sus casi 35 años no permiten tener el rendimiento del pasado, le han convertido en uno de las dianas preferidas de los aficionados en las derrotas de Los Angeles Lakers, con múltiples opciones que destacan la necesidad de un traspaso para mejorar el potencial del equipo. Si bien es inevitable el runrun del mercado como método para ilusionar al fan, nada más injusto en el caso que nos ocupa: Derek Fisher.

Llegó a la NBA tras jugar en la Universidad de Arkansas en Little Rock, el lugar de nacimiento de Derek, cuyo equipo únicamente había visto a uno de sus alumnos tener una larga carrera como profesional: Pete Myers, al que recordarán los aficionados de los Bulls por ser quien ocupó el puesto de escolta titular en los Bulls tras la primera retirada de Michael Jordan. Por lo tanto, no era precisamente el mejor lugar para lucir palmito en el caso de Fisher, pero aún así fue elegido en la primera ronda por Jerry West, consiguiendo poco a poco aumentar su importancia dentro de la rotación de los Lakers, equipo en el que estuvo desde 1996 hasta 2004.
Había tenido su mejor temporada en el curso 2002-03, pero perdió protagonismo en los de Phil Jackson con la llegada de Gary Payton en su último año, que nos dejó una de las imágenes más recordadas de Derek: su triple sobre la bocina para poner el 2-3 en la eliminatoria ante los Spurs de Duncan, Ginóbili, Parker, Bowen..., o Turkoglu. Una vez finalizada la temporada, decide ejecutar una opción en el contrato y convertirse en agente libre. La victoria de los Pistons en las Finales ayudó a la desmembración de los Lakers, haciendo que Fisher se decidiese por Warriors, en un contrato de unos 37 millones por 6 años, bastante más de que le ofrecían por continuar en Los Angeles, tanto en cuantía como en duración.
En Oakland, salía desde el banquillo, primero tras 'Speedy' Claxton, después tras Baron Davis, y su segundo año en los Warriors firmaba los mejores números de su carrera en anotación, lo que no impidió que fuese traspasado a final de temporada a cambio de Devin Brown, Keith McLeod y Andre Owens, en un movimiento que se debía a la irrupción del joven Monta Ellis en el equipo de la Bahía, y la necesidad de mayores minutos de juego para acelerar su progresión. El siguiente destino de Derek era, por lo tanto, Salt Lake City.

Pese a empezar la temporada desde el banquillo, rápidamente se ganó el favor de Jerry Sloan y acompañó el resto del año a Deron Williams en el quinteto titular, como ejecutor en los lanzamientos abiertos tras las ventajas generadas por el joven Williams, y dando el poso de veteranía y liderazgo necesarios en un equipo relativamente joven. Todo transcurría con normalidad, hasta la llegada unos Playoffs NBA que nos dejaron una de las más emotivas imágenes que quien esto escribe ha visto en un partido, y que pasaron desapercibidas para muchos de los que vieron el choque en directo, perfectamente descritas en un excelente escrito de J.A. Adande.
Resumiendo: el 9 de Mayo de 2007, Tatum Fisher, su hija de 10 meses de edad, era operada de un extraño cáncer. Tras la operación, Derek cogió un vuelo hacia Salt Lake City, donde por la noche disputaban los Jazz el segundo encuentro de su eliminatoria ante los Warriors, lanzados tras derrotar a los Mavs de Nowitzki de forma sorprendente y espectacular en la ronda anterior. Fisher llegó al pabellón con el partido ya empezado, se cambió y salió inmediatamente a la pista, decidido a sentarse en el banquillo y recibiendo el apoyo cariñoso de sus compañeros, a los que comunicaba que todo había salido bien. Sloan requirió su atención, le preguntó si estaba preparado para saltar a la cancha y, ante la respuesta afirmativa del jugador, le indicó que ocupase el sitio de Kirilenko. El partido se encontraba en un puño, en los minutos finales del tercer cuarto, y Derek jugó un papel fundamental en la victoria de los Jazz, provocando una pérdida de Baron Davis y anotando un triple desde la esquina como jugadas más destacadas.
Había sido un final de cuento de hadas a un día dificilísimo.

Muy pocos hospitales de Estados Unidos poseían los avanzados medios que podían aplicarse en el tratamiento de su hija, así que solicita a los Jazz la rescisión de su contrato para desplazarse a una ciudad en la que poder estar con ella y el resto de la familia, deseo que la franquicia de Larry Miller cumplió de forma ejemplar pese a que suponía perder a uno de sus importantes jugadores de la rotación. Tras convertirse de nuevo en agente libre, firma por Los Angeles Lakers, en un contrato de unos 14 millones por 3 años de vinculación, cantidades notablemente inferiores a las que hubiese recibido en los Jazz.
Parte importante en el equipo que llega a las Finales de la NBA el pasado año, este curso ha dado un paso atrás en su rendimiento, con muy discretos porcentajes en el tiro durante la postemporada, lo que unido a la falta de explosividad que perjudica notablemente su nivel defensivo, le convierte en una de las más débiles piezas del quinteto titular de los Lakers.

Ahora bien, hablar de posibles traspasos ya es otra cosa. Bastante injusta, además.


