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Allá por mediados de los 80, no eran pocos los empresarios de todo Estados Unidos con interés en conseguir la adjudicación de nuevas franquicias en la NBA. Fue en septiembre de 1985 cuando Jim Hewitt y Pat Williams dieron los primeros pasos para formación de los Orlando Magic, y el 22 de abril de 1987 se confirmaron sus deseos. Con la aprobación definitiva de los dueños del resto de franquicias, Miami Heat, Charlotte Hornets, Minnesota Timberwolves y Orlando Magic unirían sus nombres a los ya existentes. Los dos primeros ingresarían en el curso 1988-89, el resto, la temporada siguiente. No deja de ser llamativo que, en un principio, la ampliación de la liga iba a ser de sólo 3 equipos, pero los problemas para decidir cuáles de los dos enclaves de Florida sería el más apropiado hizo que, finalmente, fuesen 4 quienes aportasen el canon de algo más de 32 millones de dólares necesarios. Así da gusto resolver un problema.


Para la formación de sus plantillas, los nuevos equipos podrían elegir jugadores en el llamado draft de expansión, pudiendo escoger como máximo un jugador de cada equipo, excluidos 8 que cada franquicia podía proteger. Además, dispondrían también de sus posibilidades en el habitual draft de ingreso, mas por detrás de los equipos no clasificados para los Playoffs NBA, entre algunas de las  varias restricciones que debían tener sus primeros años de experiencia.


Los Magic consiguieron de otros equipos a Sidney Green (New York), Reggie Theus (Atlanta), Terry Catledge (Washington), Sam Vincent (Chicago), Otis Smith (Golden State), Scott Skiles (Indiana), Jerry Reynolds (Seattle), Mark Acres (Boston), Morlon Wiley (Dallas), Jim Farmer (Utah), Keith Lee (New Jersey) y Frank Johnson (Houston). El nombre de mayor entidad que apareció en el draft de expansión fue el de Rick Mahorn, desde los Pistons campeones de la liga, pero fueron los Wolves quienes se llevaron su elección, antes de traspasarlo a los Sixers, aunque eso se escape de nuestra historia.

 

En el draft normal, los Magic escogieron a Nick Anderson, un año después a Dennis Scott, y en 1991 a Brian Williams -posteriormente conocido como Bison Dele, con un dramático desenlace final- y Stanley Roberts. Todo cambió el siguiente verano.

 

 

 

Hasta entonces, los malos resultados no habían espantado al público, que obligaba a colgar el "no hay billetes" partido tras partido en Orlando. Alguna noche triunfal, como aquella en la que Scott Skiles logró el récord aún vigente de asistencias en un encuentro, no tapaba las numerosas derrotas del equipo, que veía pasar por sus filas a jugadores bien conocidos por aquí, como era también el caso de Michael Ansley.


Pero en mayo de 1992, la diosa fortuna se aliaba con los de Florida, al otorgarles la primera posición del draft. Pese a nombres tan notables como los de Sasha Danilovic (43), Elmer Bennett (38), P.J. Brown (29), Byron Houston (27), Latrell Sprewell (26), Robert Horry (11), Adam Keefe (10), Christian Laettner (3) o Alonzo Mourning (2), la elección de los Magic estaba cantada: un pívot con un físico espectacular y con potencial ilimitado, Shaquille O´Neal.

 

La llegada de Shaq transformaba por completo a los de Orlando. Más allá de cómo era capaz de tumbar tableros, la mejora que aportaba al equipo era brutal. Hasta el último momento de la temporada lucharon por la octava plaza de la Conferencia Este, aunque finalmente la consiguieron los Pacers, tras tener que acudir al criterio de desempate.

 

Mas lo que podría considerarse como un indicio de tragedia se convirtió en una nueva alianza con la fortuna, puesto que de nuevo la lotería del draft les regalaba la primera elección, y la posibilidad de elegir al jugador que más había brillado en la NCAA y que tenía toda la pinta de ser una grandísima estrella en la NBA: Chris Webber.

 

 

 

Sin embargo, ya se sabe cómo son estas cosas con el draft y las múltiples opciones que se presentan. Desde Orlando deciden aceptar la oferta de Golden State Warriors, intercambiando esa primera elección por la tercera, además de otras 3 primeras rondas propiedad de los de Oakland. Tras elegir los Sixers al después alemán Shawn Bradley, en la tercera elección el escogido es Anfernee 'Penny' Hardaway. La base del equipo para los próximos años está ya formada.

 

 

 

 

 

En 1994 entran por primera vez en los Playoffs NBA, tras lograr 50 victorias en la regular season y quedar cuartos en la Conferencia Este, antes de caer derrotados en primera ronda por Indiana Pacers. En verano, con espacio salarial para luchar por las piezas más apetitosas del mercado, se hacen con Horace Grant, llegado desde los Bulls. Y ya tenemos el quinteto titular de la temporada 1994-95.


Érase un quinteto titular


Penny Hardaway era lo más parecido Magic Johnson que nos podíamos encontrar. Altura similar y misma posición en la cancha hacían la comparativa inevitable, más aún cuando la capacidad de anotación y de pase se complementaba con el apoyo en el rebote. Sin llegar -por bastante- a tener el mismo peso en la liga que Earvin, Hardaway sí era uno de los más interesantes jugadores exteriores de la competición, sin duda beneficiado por la atención defensiva a la que obligaba Shaq.

 

 

 

 

 

Dennis Scott era el tirador del equipo, especializado en el lanzamiento de 3 puntos y con notables registros en la anotación. Aunque no era algo que hiciese con frecuencia, también era capaz de anotar jugando de espaldas en el poste, mientras la defensa estaba lejos de ser una de sus virtudes.


Nick Anderson era un jugador completísimo. Sin destacar especialmente en ningún aspecto del juego, podía anotar tanto dentro como fuera de la zona, y también era un buen defensor. Resultaba un gran complemento para lo realizado por el resto de estrellas del equipo.


Horace Grant era ya toda una leyenda en la liga, tras su estancia en los Bulls del triplete. Gran defensor y reboteador, era también capaz de anotar con acierto en la media distancia y desde el interior, más en el papel de finalizador.

 

 

 

 

 

Shaquille O´Neal era la bestia. Determinante en la pintura, movía todo el peso de su cuerpo a una velocidad que parecía imposible, y lo combinaba con una capacidad de pase probablemente mayor de lo que indicaban las estadísticas. Ya en su llegada a la liga había causado sensación, convertido en el primer rookie elegido para el All Star Game como titular desde Michael Jordan en 1985. Tenía problemas desde el tiro libre, pero quizás se eliminasen con el paso de los años.


Éranse carencias en el banquillo


Brian Shaw era el sexto hombre del equipo. Tras la polémica de su inicio en la liga, con su marcha a Roma en una operación relativamente similar a la de Childress el pasado verano, se había convertido en un jugador oscuro pero sumamente regular. Buen defensor y director, era capaz de aportar también en la anotación.


El problema llegaba con el resto de la rotación, de un muy bajo nivel. Donald Royal, Anthony Bowie o Jeff Turner completaban habitualmente las posiciones desde el banquillo, puesto que Tree Rollins, Anthony Avent o Brooks Thompson ni siquiera saltaban a la cancha en todos los partidos, y dos ex-jugadores de la ACB, Darrell Armstrong y Geert Hammink, no llegaban a disputar ningún minutos en los Playoffs NBA.

 

 

 

 

 

En primera ronda del año 1995, los Magic se deshicieron de unos Celtics que ya no contaban con los jugadores de la época dorada de los 80; en la segunda de unos Bulls que habían recuperado a Michael Jordan en medio del curso, y en la Final del Este superaban al equipo que se había convertido en su bestia negra los últimos años: Indiana Pacers. Todo estaba listo para las Finales de la liga, ante los campeones del año anterior, unos Houston Rockets que habían superado todas las eliminatorias con el factor cancha en contra, en lo que desde los medios se presentaba como un duelo apasionante y lleno de contrastes: veteranía contra juventud, marcado por el duelo en la pintura entre la leyenda Olajuwon y el joven O'Neal.


Si alguno piensa que el primer partido de Playoffs entre Suns y Spurs del año pasado tuvo un desenlace dramático, aún se queda muy lejos de lo sucedido en la apertura de las Finales del 95, con Nick Anderson fallando hasta 4 tiros libres consecutivos con 3 puntos de ventaja para su equipo a falta de 10 segundos, respondido con un triple de Kenny Smith que llevó el choque a la prórroga, y decidido con un palmeo de Olajuwon para el 118-120 final. Unos Magic totalmente derrumbados caerían en el segundo partido, siendo después incapaces de llevarse el triunfo de Houston en el tercero y el cuarto, dejando un 4-0 en su primera aparición en las Finales. Es probable que muchos pensasen que habían pagado el peaje de su debut en las Finales, y que ya tendrían tiempo de llevarse el anillo.


14 años después..., ¿qué pasará?