Ricky Rubio, el poeta. Cuando se le ponen elogios grandilocuentes a la actuación de un jugador desde sus 14 años de edad, es complicado ser original o inventar nuevos adjetivos. Sin embargo, si un poeta es la “persona que compone obras poéticas y está dotada de las facultades necesarias para componerlas”, no está de más definir así al líder del DKV. Poesía, pura poesía es su baloncesto, conjunción de elementos diferentes que actúan en armonía, creando un equilibrio perfecto y un disfrute al que asiste a sus poesías en la cancha. En este Playoff, {Rubio} decidió cambiar de registro y basarse en el verso largo para narrar su épica. Su epopeya nace en una lesión que parecía despedirle de cuartos e incluso de la ACB, y continúa 48 horas después en Badalona, con una exhibición descomunal del base. 16 puntos, 7 rebotes, 6 asistencias, 4 robos, 24 de valoración. De acuerdo, 6 pérdidas y algún tiro fácil errado pero ya decía Benedetti que la “perfección es una pulida colección de errores”. Con él en la pista, el DKV es otro.
Jerome Moiso, puntos de realidad. El francés es más del estilo de Bukowski. Realismo sucio al poder. Las cosas claras y a por el partido sin marear la perdiz. Si tiene que marcar una canasta, mejor para abajo, que así entran más fácil. Que el rival me va a igualar en el luminoso, pues se lo impido. O le robo un balón en el último minuto. Sin paños calientes. Físico y ganas, éxito seguro. 16 puntos de Jerome (¡8 de 10 en el tiro!), aderezados con 4 rebotes, 4 tapones y 3 mates hasta llegar a los 20 de valoración. El reinado de las alturas tiene dueño.
Demond Mallet, el tercero en discordia. Su naturaleza es más propia de una desgarradora canción que de obra literaria. De estas que comienzan eléctricas, se apagan y terminan a lo grande. O al revés. Depende del día. Y del concierto. Sin embargo, hoy tocaba bordarlo, para alegría de sus seguidores. A la sombra de la magia de Rubio y la eficacia de Moiso, mas siendo una constante en el ataque del DKV, muy enchufado desde el inicio y sereno en la balada íntima desde la línea de personal, con un 6/6 clave en los instantes decisivos. Otra forma de hacer arte. Otra forma de ganar.

Raül López, la magia de lo diferente. El de Vic hubiera sido uno de esos libros que obligan a leer en el colegio y no deja indiferente a nadie. Los que lo entienden lo disfrutan. Los que no, lo critican. A veces sin motivo. Raül entiende el baloncesto de un modo que muy pocos jugadores lo hacen. Esto, en ocasiones, se puede tornar en defecto, aunque para los puristas es una delicia ver a López sintiéndose importante y desplegando sus cualidades con toda la libertad del mundo. Raül acabó la temporada muy fuerte y ha llegado al Playoff en su mejor momento. En Vistalegre guió al Real Madrid en unos minutos de magia que sentenciaron el partido y, en este segundo envite, consiguió repartir su inspiración durante todo su tiempo en la cancha, sumando acierto en el tiro (16 puntos y 4 triples) a su brillante dirección.
Real Madrid contra sí mismo... y frente a la ilusión del DKV. Excepto Raül, pocos mantuvieron su regularidad. Destellos muchos, entrega toda pero sin una línea constante. Bullock estuvo soberbio en la segunda parte, aunque alternó instantes de torrente de puntos con otros de sequía ofensiva. Massey sigue en progresión, pero volvió a concentrar su excelsa racha en unos pocos minutos. Por el contrario, Felipe Reyes estuvo ausente, anotando 5 puntos y una sóla canasta en juego, algo que no sucedía desde hacía más de un año. Su compañero Llull se vio superado por los bases rivales, con un -6 de valoración y una sensación de impotencia que debe cambiar el próximo sábado. Además, los madridistas perdonaron a su rival dejándose muchos tiros libres por el camino en el primer tiempo y no cerraron bien el rebote (14 capturas ofensivas del DKV), un factor tan importante como demuestra el hecho de que, en Playoff, el que ha ganado el rebote se ha llevado el partido. El DKV este lunes jugó con una sonrisa, contagiado por la ilusión de su público y el Real Madrid evitar que su rival cumpliera su objetivo. Y es que "contra el optimismo… no hay vacunas", que diría, quien si no, el mismísimo Mario Benedetti.


