Los nervios afloran, la presión invade a los protagonistas y no queda lugar para las medias tintas. Partido de desempate, territorio Playoff. Todo o nada. La gloria, el éxito o los deberes hechos, a un lado. El fracaso, las decepciones, las críticas, a otro. Cuarenta minutos que hacen de juez a las puertas del cielo. El infierno puede esperar. La amenaza del abismo, no.
En este cuarto de siglo de Playoff numerosas series han tenido que llegado a su último encuentro para encontrar vencedor, viéndose partidos épicos, brillantes y recordados que pueden incluso cambiar la trayectoria o el futuro de un conjunto. Toca este fin de semana menú doble de épica.
De primero un Real Madrid-DKV Joventut con sabor a clásico y, de segundo, un Unicaja-Kalise con todo por decidir. La bebida pónganla ustedes y el postre llegará en semifinales, claro. En estos años cada uno de esos cuatro clubes ha vivido emociones al límite y la tensión de un partido decisivo en la lucha por el título.
La temporada 1983-84 fue la primera de la ACB, que llegó de la mano de un intenso Playoff que hizo comprender al entonces denominado Joventut Massana la tensión que se respira en esta fase. El rival era el Cacaolat Granollers y la serie fue muy intensa. Los badaloneses empezaron venciendo por 106-82, aunque, al siguiente encuentro, Areslux Granollers logró superar, en un final de infarto, al Joventut por 100-99. Restaba el tercer y definitivo envite, que se disputaba en la cancha del Cacaolat.
Los locales, arropados por su público, salieron a morder aunque la ‘Penya’ resistió la garra de su rival, liderado por el mítico Creus. El encuentro llegó a su mitad muy emocionante (32-34), aunque el Joventut apretó en la segunda mitad, con los puntos de Jiménez, Villacampa y Margall, para tomar una renta que acabó sentenciando a su rival y dándoles el paso a semifinales. El cuadro de Badalona no ganó ese campeonato, cayendo en semifinales ante el Real Madrid en la fase siguiente, pero aquella ronda ante Granollers, hace ya un cuarto de siglo, colocó al Joventut entre los grandes de la época y sentó las bases de un conjunto que viviría unos años dorados en las siguientes temporadas.
Ocho temporadas después, el destino de badaloneses y madridistas se volvería a unir en una intensa final disputada a cinco partidos, con victoria del cuadro blanco. Pero para que los de la capital llegaran a esa ansiada final, el peaje a pagar no fue barato. Sufrimiento, sudor y una buena dosis de épica en semifinales ante Estudiantes Caja Postal, en una de las series más apasionantes de la historia del Playoff. El cuadro de El Ramiro igualó un 2-0 y todo se decidiría en el quinto choque.

De poder a poder por una plaza en la final. Lasa, Biriukov, Sabonis, Simpson, Cargol, Antúnez… contra los Orenga, Winslow, Herreros, Pinone, Azofra, Cvjeticanin y Vecina. Espectacular. Los madridistas llevaron la iniciativa en el primer tiempo y amenazaron con romper el choque a falta de quince minutos para el final. Sin embargo, Estudiantes logró la machada y se colocó incluso con ventaja en el luminoso. Sirvan estas líneas de la crónica de El Mundo Deportivo para observar lo que se respiró en aquel duelo:
“A falta de seis minutos, el delirio se apoderó de la Demencia: 60-61 en el marcador, merced a un parcial de 2-11 de Estudiantes en cuatro minutos. A partir de esos instantes, cualquier podía haber sido el finalista de la Liga. Las fuerzas estaban igualadas y la garra y las ganas por vencer, también”.
El choque acabó adquiriendo color blanco entre la polémica y los puntos de Winslow, al que no le tembló el pulso, logrando darle una agónica victoria por 80-76 al Real Madrid que le serviría para ganar experiencia y temple en la siguiente ronda, donde conquistó el título a costa del Joventut.
Démos otro salto en el tiempo y pasemos los noventa para llegar a la década actual. Año 2003. El Unicaja y el TAU Cerámica, rivales en la final de liga en la campaña anterior, disputaron una serie de cuartos realmente dramática. Cada uno de los conjuntos se hizo fuerte en casa y el billete a semifinales se tendría que decidir en un quinto encuentro no apto para cardiacos.
Mucho se habló en la previa de aquel duelo de lo que había en juego y de la igualdad que había entre los dos equipos, pero pocos podían imaginar un partido así. Tensión, pura tensión. Ningún equipo se despegaba, cuando uno amenazaba con irse el otro reaccionaba. Pocos puntos, cada canasta valía oro, cada posesión se disputaba como si fuera la última. El encuentro adquirió tinte baskonista a falta de minuto y medio, con los vitorianos mandando por seis (55-61). Sin embargo, la inoportuna lesión de Calderón, varios fallos visitantes en las últimas jugadas y un increíble acierto malacitano propiciaron la remontada, que se antojaba imposible. El pase de una parte a otra de la cancha que le dio Okulaja a Bullock en los últimos segundos, más propio del fútbol americano que del deporte de la canasta, aún provoca suspiros de nostalgia en el Martín Carpena. Los fallos finales, el último de Wolkowyski solo en el palmeo, aún causan lamento en Álava. Así resumía Pablo Malo de Molina, en sus apuntes del encuentro, la pasión desatada en Málaga tras el bocinazo final de un choque que resume como pocos lo que significa un encuentro de desempate:
Fiesta por todo lo alto en Málaga. Esteller levantó los brazos, Okulaja salió corriendo con el balón y el brazo en alto, Ivanovic se apresuró a abrazar y felicitar a su amigo Maljkovic, Ángel Fernández Noriega hizo ostensibles gestos de felicidad, algunos aficionados incluso invadieron la cancha, la plantilla manteó a un veterano y popular aficionado... el Martín Carpena estalló de alegría con el final del partido, celebrando el triunfo como si se tratase de un título y no una clasificación para semifinales. Fue el estallido de una alegría contenida desde hace un año, cuando se perdió la final liguera.
En el caso del Kalise Gran Canaria, su historial de encuentros límite también es amplio, aunque el conjunto insular aún no ha pasado de cuartos de final. Sin embargo, no se puede decir que no hayan dado la cara en series a vida o muerte. Siempre al filo de la navaja. En 2004, una canasta in extremis de Fucka encarriló el pase a 'semis' para el Barcelona. Y eso que el conjunto catalán se sorprendió por la contundencia de su adversario que, liderado por Fran Vázquez, jugó a un gran nivel en esta serie, llegando incluso a ganar en un hipotético basket-average general a su rival en los cuatro partidos. Los resultados mandaban más que la imagen y los isleños se despidieron hasta
2005, en el que McDonald tuvo un triple para forzar el quinto encuentro ante el TAU Cerámica. Su tiro no entró y el conjunto amarillo tuvo que esperar a probar fortuna hasta 2006, donde otro triple maldito –este del jugador del DKV Holcomb, sobre la bocina- acabó con sus ilusiones. Tuvo que ser en 2007 el año en el que, por fin, los canarios vivieron en sus carnes el cara o cruz del encuentro de desempate.
Su rival volvía a ser el DKV Joventut, perfecto para desquitarse por lo del año anterior. Aunque el arranque de la eliminatoria, con dos derrotas en los dos primeros partidos, no invitaba al optimismo. El entonces denominado Gran Canaria Grupo Dunas dio la gran sorpresa en Badalona y logró igualar la serie a dos en el CID, tras vencer en otro final dramático. Todo se decidiría en el quinto encuentro. En él, los de Maldonado dieron la cara en la primera mitad aunque acabaron viniéndose abajo en los minutos finales, para acabar cayendo derrotados por un 93-76 demasiado cruel para lo visto durante la serie. Julián Felipo, en su crónica para El Mundo Deportivo, afirmó que el ‘Granca’ había sido el “rival más incómodo del DKV en la historia del Playoff. Vendió cara su piel y no se rindió hasta el final. Acabó la pesadilla”.
Han pasado dos años de aquel quinto partido, siete de los nervios vividos en el Martín Carpena, 16 de uno de los derbis de más calidad de la historia y 25,que se dice pronto, de la hazaña del Joventut en Granollers. Y el baloncesto sigue teniendo la misma esencia. Entre el abismo y la gloria. El mismo miedo al precipicio, idéntica ilusión por el billete a la siguiente ronda, que en su letra pequeña incluye más y más momentos de drama y pasión que seguirán haciendo sufrir y disfrutar a vencedores y vencidos. Al fin y al cabo, en esto consiste el basket. ¿Hablaremos de los encuentros de este fin de semana dentro de unos años? Soñemos.


