David Andersen. Si el australiano fuera ciclista se podría haber pasado todo un Tour escondido hasta destrozar la carrera en el Tourmalet. Andersen es como el estudiante al que le ves actitud y aptitud, hace un año normal, sin exceder sus posibilidades… y acaba sacando matrícula en todos los exámenes de junio. David lo ha vuelto a hacer. Llegan los momentos calientes de la temporada y él es fiel a su cita. Respondió en la Final Four y, este martes, llevó en volandas a su equipo hasta semifinales. A los pocos minutos ya había dinamitado el encuentro con 10 puntos casi consecutivos, en el descanso ya acreditaba 17 (20 de valoración) y, en el tercero elevó su perfección hasta el 6/6 en tiros de dos (3/4 en triples). El último cuarto, ni lo jugó. No hacía falta. Él había decidido el choque muchos minutos antes. Como los héroes cuando más se les necesita.
Carlos Cabezas. El malagueño lo necesitaba. La diferencia entre un Unicaja meramente aspirante y un Unicaja realmente temible puede estar en sus manos. Su temporada arrancó de forma ilusionante pero los problemas físicos, las especulaciones sobre su futuro y una mala dinámica que parecía no acabar lastraron su rendimiento. Pero Carlos se suele crecer en tiempo de Playoff. Que pregunten en Valencia o Alicante, en anteriores situaciones límite. En sólo 19 minutos anotó 14 puntos. Y qué puntos. En la primera mitad un enceste suyo tras robo le dio la primera ventaja al Unicaja. Tras el descanso remontó un partido adverso con varias canastas consecutivas y, a falta de tres segundos, le puso épica a su partido con la canasta ganadora. Toma la anhelada confianza, te la ganaste a pulso.
Ricky Rubio. Su caso es curioso. Escribir sobre él es fácil. Cualquier crónica o cualquier previa versa sobre su figura. Sus méritos, sus jugadas o hasta su propio futuro. Protagonista el lunes y, muy probablemente, el próximo sábado gane o pierda su equipo, es complicado pensar en un análisis de un encuentro del DKV sin hablar sobre Rubio. Una cosa es caer en las modas y otra, bien distinta, ignorar la realidad. Y la realidad es que un chico de 18 años, aire fresco para el baloncesto, sale a la pista y cambia todo. Regresa al banquillo y el escenario vuelve a ser diferente. Su DKV lo comprobó con su lesión y, más aún, con su recuperación. El poeta de El Masnou deslumbró con acciones de mérito, elevó el pistón defensivo, anotó, asistió, reboteó, asumió responsabilidades, lideró y ganó. Estados Unidos le mira, Europa le observa, España le contempla. Y él ni se inmuta. Como si encuentros como el del lunes (16 puntos, 7 rebotes, 6 asistencias) fueran puro trámite.
Igor Rakocevic. Al escolta baskonista se le ha tildado de jugador que desaparece en los momentos importantes y Rakocevic, como si quisiera dejar mal a todos sus detractores, se empeña año tras año de refutar esa teoría a base de exhibiciones. La lista es larga. Su último show, este martes, con 23 puntos, 5 rebotes, 4 asistencias y 28 de valoración frente al iurbentia Bilbao Basket. Por lo pronto, su equipo está en semifinales y el serbio, al igual que en el primer partido de la serie, tuvo mucho que ver en ello. Si eso es esconderse, que lo haga siempre. Además, como en el encuentro del Buesa Arena, ‘Rako’ reservó su inspiración para los momentos de la verdad, con 13 puntos en el tercer cuarto –tres triples incluidos- que le dieron color baskonista a un choque muy igualado hasta el descanso. El triplete pasa por sus manos.
Boniface Ndong. Su país es una república independiente pero 'Boni' se empeña en ser el Rey de Senegal. Y si es superando a Savané, mejor que mejor. Si la perfección es un invento y la crítica obligatoria, al pívot se le puede achacar que estuvo algo errático bajo el aro o que se la escapó algún que otro rebote importante. Mas el bueno de Ndong ganó el partido a su manera. En un encuentro tan igualado y gris, por los bajos porcentajes y la tensión que se repiraba, el que combinara un poco de corazón y cabeza en el juego, se llevaría la victoria. Y Boniface tiró de cabeza para aprovechar sus virtudes, cargando de faltas a los rivales y manteniendo la sangre fría para hacer un increíble 11/11 desde la línea de tiros libres, que ya quisiera más de un especialista. El corazón, que ya viene de serie, lo puso en cada balón disputado, en cada uno de sus once capturas, sus tres tapones, sus dos mates. El senegalés, tipo afable donde los haya, protestaba la falta más evidente y la tensión sustituyó, durante 40 minutos en su rostro, a su eterna sonrisa. El gesto más evidente de su compromiso y ganas de vencer en la batalla del CID.

Jerome Moiso. El jugador galo se presentaba en cuartos tras haber realizado, en sus dos últimos partidos de la liga regular, 64 de valoración, 38 puntos, (13/15 en el tiro) y 14 rebotes. Sin embargo, debuta en cuartos con un -3 y unos porcentajes nefastos. La idiosincrasia del Playoff. Por el contrario, este martes Moiso demostró que el primer encuentro fue la excepción que confirma la regla y volvió a ofrecer su mejor cara, con 16 puntos. Cuando recibe el balón, parece imparable y cuando decide tirar, da la impresión de ser infalible. Ante el Real Madrid, 8 canastas de 10 intentos. Todo ello condimentado con cuatro tapones, tres mates y un robo en el último minuto. Su conexión con Ricky es total. Frente a su ex equipo, no hay sentimentalismos que valgan.
Tiago Splitter. Vaya error hablar de los porcentajes de Moiso justo antes de dar paso a la actuación del brasileño. Porque si Jerome es una garantía, qué se puede decir de Tiago, al que si le hubieran multado ayer con la mitad de su sueldo por cada tiro fallado, hubiera recibido idéntica nómina a fin de mes. Cinco de cinco. Y sin despeinarse. Algo perdido en la primera mitad, puso un poquito de todo en el tercer periodo (4 puntos, 3 rebotes, 3 faltas recibidas, 2 asistencias, 10 val.) para complementar la lluvia de puntos protagonizada por Igor Rakocevic. Los 20 puntos de valoración de Splitter prolongan su excelente Playoff (29 val. en el primer choque), el cual desea seguir engrandeciendo en los siguientes pasos de su TAU hacia el título. Ahora les restan únicamente cinco.
