Llegan las semifinales de la ACB y, con ellas, previas llenas de interminables datos y precedentes de todo tipo. Entre tanto número, destacan dos hechos. El Unicaja nunca ha eliminado a Regal Barça en un Playoff y, del mismo modo, el Real Madrid se le atraganta al TAU Cerámica en la lucha por el título. Respecto al cruce entre el vigente campeón de liga y el cuadro madridista, en la memoria aún colea el increíble final de partido que se vivió en la final de 2005, la del "triple de Herreros". Los baskonistas tenían en su mano el título y, sin embargo, un desafortunado minuto final y varias acciones positivas de su rival, culminadas con el triple de Alberto (y el posterior tapón de Fotsis, comunmente olvidado en los relatos de aquella final) cambiaron la historia y le dieron el título al Real Madrid.
De ese encuentro sobreviven en sus equipos seis jugadores, tres en cada bando. En el TAU, Prigioni, Vidal y Splitter vivieron la cara más amarga del deporte, mientras que en el conjunto blanco, Bullock, Hervelle y Reyes celebraron una de las victorias más milagrosas que se recuerdan. Ahora bien, ¿influye lo ocurrido hace ya cuatro años en el desarrollo de una eliminatoria completamente distinta? La teoría dice que no.
Aunque el baloncesto, como buen deporte, no es el sumún de la racionalidad. Sostenía Sergio Scariolo que sus equipos debían jugar de la misma forma tanto en su cancha como fuera de ella. El viejo dicho de que los aficionados no marcan canastas, que un profesional debe rendir igual tanto con el público a favor como con la grada en contra, etc. Sin embargo, los hechos determinan que hay un componente intangible, un factor laborioso de medir que altera la lógica. Y los propios resultados. El CB Granada se pasó una vuelta entera ganándolo todo en casa y perdiendo fuera de casa. ¿Realmente el factor cancha era tan determinante? Equipos que se pasan semanas perdiendo y acaban desplegando sus mejores virtudes cuando están heridos, o, en el lado contrario, conjuntos que encadenan varias derrotas por un resultado ajustado y acaban entrando en una vor
ágine de negatividad que prolonga esa mala racha. Psicología, pura psicología de parqué.En un deporte cuyo guión se escribe cada 24 segundos y con exámenes para la sangre fría tan
puros como el mero hecho de acudir a la línea de los tiros libres, la psicología juega. Y mucho.¿Será capaz Ivanovic -otro testigo directo de la decepción de 2005- de aislar a los suyos de estadísticas, precedentes, predicciones y concentrarles únicamente en marca un punto más que su rival? Si no lo logra, siempre le quedará tirar de hemeroteca y recordar la mejor respuesta a las cinco eliminaciones de manos del Real Madrid. La machada baskonista del 91, su primer billete a semifinales y la peor clasificación hasta ese año del Real Madrid en una liga, compensan el echar la vista atrás. Los Laso, Sibilio, Arlauckas y compañía marcaron la senda hace ya 18 años. Mayoría de edad para un triunfo que sentó las bases de la grandeza de los años posteriores.
En la otra eliminatoria, es inevitable no caer en el tópico de acabar hablando de verdugo, necesidad histórica, bestia negra, victima propiciatoria, bla, bla, bla. El cuadro barcelonista se ha encontrado cinco veces con el Unicaja. Y las cinco ha vencido. Aunque lo que más dolió en Málaga fueron la manera de producirse cada una de esas derrotas. En el 95, los malacitanos pudieron sentenciar en Ciudad Jardín pero el triple de Ansley nunca llegó a entrar. Dos años después, el Unicaja volvió a recuperar el factor cancha desfavorable para ponerse con un 2-1, aunque Barça remontó y acabó pasando a semifinales in extremis. En el año 2000, estreno de Maljkovic, los malacitanos volvieron a rozar la gesta poniendo contra las cuerdas a su rival, mas nuevamente el FC Barcelona superó al conjunto verde en su casa y acabó sentenciando en casa. A la campaña siguiente, el Barça de Gasol pasó a la final por la vía rápida mientras que, en 2004, el guión se repitió, con el añadido de que el conjunto catalán endosó un 0-15 final para llevarse la eliminatoria ante el estupor de los malacitanos.
Como para no tenerle miedo al color blaugrana desde Málaga. Sin embargo, si nos centramos en el aspecto psicológico, en esa especie de presión que invade a los equipos que deben soportar las malas rachas o resultados de años anteriores, el Unicaja derribó sus complejos y sus miedos históricos con el triple de Pepe Sánchez (aquí, la narración de mi amigo y compañero de blog Ale Sandino, puro espectáculo radiofónico), que le dio el pase a la Final Four a los de Málaga por primera vez en su historia. Ese enceste, que en la plantilla actual vivieron únicamente Berni Rodríguez y Carlos Cabezas, tapaba de un plumazo los años grises de antaño, las decepciones previas en Playoff y esa especie de gafe eterno que parecía hacer salir derrotados de inicio a los cajistas en sus cruces contra el Regal Barça.
Tras la clasificación del pasado domingo, Berni Rodríguez comentaba que era injusto deber soportar esa presión. "Muchos jugadores no estaban aquí ni cuando ganamos ni cuando perdimos, sólo tomaremos como referencia los partidos de esta temporada y no los anteriores". Quizá esa sea la clave, tanto para los verdugos como para las víctimas, el saber aparcar la historia a un lado y observar sin distracciones el presente, que no es poco. Al fin y al cabo, cuando Sibilio, Babkov, Biriukov o Epi ya hacían de las suyas, los protagonistas de hoy aún se divertían con el balón en el colegio. Aunque, si la serie se decide en la posesión final, los Berni, Felipe, Splitter, Navarro y demás testigos directo de la agonía de sus últimos duelos... ¿seguro que podrán abstraerse y no recordar lo que realizaron o deben evitar hacer para alcanzar el éxito?


