Se bajó el telón de la ACB. El teatro lleno. La función, al nivel de lo esperado. Y el protagonista principal todo un clásico, pese a que sólo cuente con 24 primaveras. Tiago Splitter, como ya ocurriera en cuartos, se mostró determinante. Obra de terror para el Real Madrid, pieza con final feliz para unos baskonistas que se colocan a un paso de la final.
Faltaban 3:47 para la conclusión del encuentro. Los aficionados protestaban. El propio Splitter se mostraba contrariado. Su quinta falta personal le obligaba a abandonar el parqué, testigo privilegiado durante casi treinta minutos de su enésima exhibición en la ACB. Las quejas de los seguidores derivaron en atronadora ovación cuando el brasileño se sentaba en el banquillo. Dejaba el choque con diez de ventaja para los suyos, en clara disposición de anotarse el primer triunfo de la serie. Y la sonrisa de los deberes bien hechos.
Claro que el encuentro parecía reservar espacio sólo para una estrella, observando la motivación con la que salió a la pista Igor Rakocevic, autor de ocho de los primeros once puntos de su equipo. Y sólo habían pasado tres minutos. Sin embargo, el Real Madrid no le perdió la cara al envite a las primeras de cambio y llegó incluso a situarse por delante. Hasta que apareció Splitter. Su primer enceste, cargado de simbolismo, le otorgaba nuevamente la iniciativa al TAU (13-12). Jamás ya la perdería.
Tiago se encontraba cómodo en ataque y pronto sumó otras dos canastas consecutivas, que impulsaban al conjunto vitoriano. Coloso en ambas zonas, omnipresente en tareas oscuras y otras más visibles, el Real Madrid no lograba frenarle. Si simbólica fue su primera canasta en este periodo, sabor letal tuvo la última que lograba en el cuarto, culminando un parcial de 9-0 del TAU y otorgándole a su equipo la máxima diferencia hasta el momento: 26-17. De esa forma, Splitter concluía los diez primeros minutos con 10 puntos, 6 rebotes (4 en ataque) y 11 de valoración.
Si con estos argumentos sobre la mesa, su TAU marchaba imparable, ¿para qué cambiar el guión en el siguiente cuarto? Al contrario. Más leña. El pívot se cargó a medio juego interior adversario a base de forzar faltas. Cuando no era intimidando en defensa, aparecía capturando un rebote en ataque. O engrandeciendo con puntos los buenos minutos de su equipo. Baile de pies en la zona, eclipse del aro al otro lado de la cancha. Con el MVP de la regular Reyes fuera de onda, él era el mandamás del encuentro. Su Joinville natal es conocida en Brasil como la “Ciudad de los Príncipes”. Empieza a ser hora de poner en cuestión este viejo dicho. Con Tiago, el título es innegociable. Splitter es el rey. Punto.
El mejor jugador del primer periodo también se coronó en el segundo, con otros 15 de valoración que le hacían llegar a vestuarios con unos números más propios de un final de partido que de un intermedio. Ahí es nada: 25 de valoración, 16 puntos (7/10 en el tiro), 11 rebotes, cuatro faltas recibidas, un mate y una recuperación. Más oro para su corona.
Desde marzo, acumula trece encuentros instalado en las dobles figuras de valoración –la última vez que no llegó fue precisamente ante el Real Madrid- y en Playoff, lleva más lejos aún su órdago, con tres encuentros por encima de la veintena en este apartado. No obstante, aunque su exhibición en la primera mitad había sido de las que se recuerdan y se engrandecen aún más con el paso del caprichoso tiempo, el Real Madrid seguía con vida y el encuentro aún estaba abierto a cualquier opción. Había pues que prolongar el show.
Dicho y hecho. Su brillo personal disminuyó tras el descanso, siendo el foco de la defensa madridista. El rival a parar. Si el TAU jugó para él en sus minutos más dulces, ahora le tocaría a él entregarse por el equipo en los momentos de sequía. Y aún así le quedó tiempo para sumar unas cuantas canastas, a cada cual más importante. Era el día del simbolismo y había que exprimir ese hecho hasta sus últimas consecuencias.
Gracias a Splitter, el TAU superó por primera vez la barrera psicológica de los diez puntos de ventaja (49-48). Más tarde, ponía la máxima en todo el partido para los suyos (60-45) y, a continuación, asistió a Mickeal, en una puerta atrás ejecutada a la perfección, para minar aún más la moral merengue. Aunque la estocada final fue su última canasta.
Último cuarto. 71-63. Felipe Reyes estaba despierto, el Real Madrid creía en la remontada y el TAU pasaba por apuros. El balón le llegó a Tiago. Y el partido se acabó. Atrás quedaban sus nervios de hace cuatros años en la final de infausto recuerdo para los suyos ante el Real Madrid. Al diablo los malos precedentes contra los madrileños en Playoff, la última remontada en liga, las dudas de semifinales. El brasileño no se lo pensó y, con un mate, volvió a darle fe a los suyos. El encuentro ya no se le podía escapar a su TAU. Ni siquiera cuando se retiró a causa de su quinta falta personal. El trabajo ya lo había hecho durante los 36 minutos anteriores. Jugada a jugada, punto a punto, rebote a rebote. Labor de hormiga, recompensa real. Y Real, de las monárquicas. ¿Quién dijo que un rey nunca trabaja?


