Se acabó lo que se daba tal y como casi todo el mundo daba por supuesto, con el Regal FC Barcelona campeón de la Copa del Rey. Sólo escapó de los vaticinios lo abultado del resultado. Al pobre Ettore se le ha quedado la misma cara de poker que ayer se le quedó a Dusko, pero mientras el montenegrino dio la impresión de resignarse y esperar a la vuelta de Splitter para rearmar al Caja Laboral con solidez, el Italiano, práctico entre los prácticos, debe estar pensando en lo bien que le ha venido la paliza de la final para exigir nuevos refuerzos. O más esfuerzo o tal vez adaptar su esquema a lo que tiene.
Ay ¡, lo cerca que parecía el Regal FC Barcelona en la final de la Supercopa y lo claro que quedaron sus carencias entonces al igual que hoy. Y es que entonces el Real Madrid ya parecía igual de acongojado, los pivots igual de ausentes y el tiro exterior igual de inconsistente en los momentos en los que se rompió el partido que hoy. Pero hoy a lo bestia.

Después del partido de los blancos con el Caja Laboral quedó claro que incluso a un Madrid inspirado le iba a costar vencer a un Regal Barça en un día tonto, así que traté de ponerme lo más cerca del banquillo de los azulgrana y disfrutar de la fiesta. Pero ni el Barcelona tuvo un día tonto ni al Madrid se le apareció la virgen para equilibrar la evidente diferencia entre ambos.
Y tras ellos apareció el tercer protagonista de la noche, los seguidores del Caja Laboral, haciéndole un favor envenenado a la ACB, al presentarse en masa al partido y ocupando sus 4.000 localidades para asistir un partido que ni les iba ni les venía. Pero ya que tenían la oportunidad de hacerse oír, se plantaron en el pabellón BEC y montaron la de Dios es Cristo. Anularon a las dos aficiones de los finalistas, consiguiendo que el grito más oído de la noche fuera "Baskonia". En la mayoría de las salas en las que tocamos hay instalados unos limitadores de volumen que impiden que se superen los 103 decibelios y esta noche se superaron de largo. Conclusión: los seguidores del Baskonia tienen mas probabilidades de quedarse sordos que los fans de Motorhead. Y mientras los dos equipos a lo suyo, a darle al juego del dominio y sumisión en plan deportivo.
Tenía muchas ganas de ver jugar a Ricky Rubio de cerca y verle en el banquillo. Después de un par de cambios de sitio me coloqué en la segunda fila de la grada posterior al banquillo catalán, al igual que hice en los días anteriores con los del Madrid y Caja Laboral. Ahí vi la diferencia, los jugadores del Regal FC Barcelona son colegas, amigos que constantemente bromean y que parecen llevarse realmente bien. En lugar de reflejar la tensión que seguramente tenían en ese momento, parecían aliviarla a base de complicidad, hablando constantemente entre ellos. En los otros dos banquillos parecía haberse impuesto la ley del silencio. Cuestión de tiempo y entrenadores, supongo.
Hoy a diferencia de los otros dos días, nos fuimos a cenar tras el partido y no me acerqué a los conciertos del Antzokia. La verdad es que los pies empezaban a pesar. Han sido muchos días de diversión y emoción, de vinos por la parte vieja y de atiborrarme a base de bien. ¡Qué bien me lo he pasado, jodó, y cómo me pitan los oídos!






