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Jornada de viernes, las semis cogen forma con Unicaja imponíendose con estrellas en ataque y "currantes" en defensa. Por su parte, MMT Estudiantes se llevó el partido con más emoción de los cuartos de final.

 

Unicaja cortó las alas al Kalise Gan Canaria. Muchos de los titulares del triunfo malagueño recaerán en el excelente partido de Marcus Haislip (22 puntos y cinco rebotes) y Jiri Welsch (20 de valoración), pero no podemos dejar de mencionar dos hombres con un trabajo oscuro pero de gran mérito. Carlos Jiménez y Berni Rodríguez jugaron un papel clave para frenar el principal potencial canario, los puntos de sus exteriores.

 

Berni dio toda una lección de cómo parar a una estrella llegando a aburrir a un English que transcurridos tres cuartos sólo había anotado una canasta en juego. Moran y Sanders fueron los otros sufridores de una primera línea muy agresiva que forzó siete perdidas de balón entre los aleros canarios.

 

La inteligencia canaria. Sin el referente ofensivo de Carl English  funcionando, Marcus Norris tomó el liderazgo que el equipo necesitaba cuando más daño hacía Unicaja. Leyó a la perfección cada ataque e hizo sangre de la ausencia de Carlos Cabezas. Primero forzó penetraciones y dobló balones para que los pívots canarios cargasen de faltas a los rivales y sumasen fácilmente desde la personal cuando en estático no veían el aro. Cuando nado a favor de corriente, Norris fue incisivo tanto penetrando como anotando de lejos. Kalise estuvo dentro del partido mientras Norris tuvo respuesta a Unicaja.

 

Los nervios no aparecen en la estadística, pero suman puntos. Parece mentira pero los estados de ánimos y la mentalidad de cada jugador también juegan sus partidos en la Copa del Rey. Mientras Kalise Gran Canaria estuvo por delante, el equipo jugó con alegría, pero cuando Unicaja se marchó con un par de canastas en el último cuarto, el equipo se derrumbó. Pesaron las anteriores eliminaciones y las miradas de los jugadores hacia al marcador se hicieron constantes. Unicaja jugó con los nervios del rival y también ganó el duelo psicológico.

 

 

 

Partido de ida y vuelta. Fieles a su estilo agresivo y a veces alocado ni MMT Estudiantes ni DKV Joventut fueron capaces de controlar el partido, el partido les controlaba y les hacía entrar en una montaña rusa de sensaciones y rachas de juego que duró 40 minutos.

 

Por primera vez en esta Copa del Rey hemos visto funcionar una defensa zonal. Primero la puso el DKV Joventut para frenar el vendaval triplista estudiantil.  Todos y cada uno de los objetivos que se persiguen en una zona los consiguió Sito Alonso: paró un ritmo de juego alocado que beneficiaba al MMT Estudiantes, provocó fallos en el tiro, dándoles como única opción tiros desde las esquinas y salió al contraataque al cerrar su rebote defensivo. Una vez controlada la situación, fue el turno del MMT Estudiantes, su defensa 2-3 en los últimos dos minutos quitó el balón de las manos a Ricky Rubio y la victoria al DKV Joventut.

 

Dando muestras de su increíble madurez deportiva Ricky Rubio volvió a ser el protagonista de la noche a pesar de la derrota. No se puso nervioso a pesar de su mal inicio y supo esperar que el partido le llegase, no se precipitó por encontrarlo antes de tiempo (cuatro puntos de valoración en la primera mitad y 22 al final del encuentro). Ricky dominó en ataque y en defensa (seis recuperaciones), puso nerviosos a los rivales e incluso fue capaz de robar una falta de pícaro. Segundos antes había advertido a un árbitro de la agresividad colegial con el balón.

 

Y con todo por decidir además demostró que su generosidad no tiene fin (y quizá fue ayer su único y gran pecado). Ricky prefirió forzar un personal para, sabedor de que los dos defensores irían a por él, doblar el balón a Sonseca con el suficiente tiempo para tener el último. Su plan salió bien, pero la última bola nunca le llegó… hubiera sido su coronación.

 

La irreverencia del MMT Estudiantes acaba con la fuerza mental del que se sentía superior. Durante tres cuartos vivimos tres historias con un guión muy similar. Los equipos que partían como cabezas de serie sufrían durante tres cuarto, pero en el último los “pequeños” eran devorados por la arrogante mentalidad ganadora del que lucha por grandes metas. Al final, el morro, el desparpajo y la idiosincrasia de un club que nunca se rinde cambiaron el guión de su película.