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14/04/2009
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No podía fallar la típica paella valenciana del domingo

Buenas de nuevo

 

A mitad camino entre recuperar la normalidad y digerir las últimas torrijas de semana santa, es hora de retomar el blog para contaros que se vive muy bien sin competición.

 

De hecho la semana pasada no competimos y la próxima tampoco, un kit-kat cerca del final del año que viene de lujo para desintoxicarse. De hecho estos días festivos me han servido para desconectar un poco del baloncesto y reducir la dosis diaria a un solo partido. Básicamente mi semana santa se ha reducido a dormir, dormir y dormir.

 

El jueves santo me levante "oficialmente" a las 18 h. ¿Resaca? No, simplemente quería dormir. Hice varios amagos de despertarme a eso de las 12 y las 14, pero siempre había una vocecita en mi interior que preguntaba ¿Álvaro eres capaz de seguir durmiendo? La respuesta, evidentemente, siempre fue que sí. No soy muy de dormir pero cuando me pongo, puedo estar horas y horas durmiendo. Creo que es algo genético porque recuerdo que mi hermana terminó el selectivo un jueves, se acostó la noche del jueves y se despertó ¡el sábado! qué crack.

 

Tras la maratón de pijama del jueves y viernes uno afronta el fin de semana con más ganas y eso es lo malo, que al final siempre me las apaño para empezar la semana cansado ¡qué desastre de tío soy!

 

Por lo que respecta a los últimos partidos, como en botica, tuve de todo. Los pescadetes perdieron de ventipico en Castellón. Paliza, sí, pero menos. Jugué el encuentro sin los tres máximos anotadores, lo que viene a suponer unos 40 o 45 puntos cada fin de semana. Decir que con ellos hubiera ganado sería jugar a ser Rappel y a mí no me quedan bien ni las túnicas ni los bañadores de leopardo.

 

El problema es que el equipo ha estado tanto tiempo dependiendo de un jugador que ahora sin él no son capaces de asumir responsabilidades. En defensa aún el equipo disimula y no encaja más de 50 puntos, pero en ataque nos quedamos en 28 tristes puntos (en un cuarto sólo metimos 3)... para que luego digan de la Bullockdependencia.

 

Con los mayores la cosa fue bastante diferente. Jugábamos contra otro de los equipos buenos de la competición y logramos ganar con cierta holgura. La victoria nos asegura quedar entre los cuatro primeros y quizá con suerte se pueda alcanzar el segundo o tercer puesto y subir de categoría... pondremos velas a San Pancracio y San Judas Tadeo (gañanes, no penséis mal, es el santo de las causas imposibles... que lo he buscado en google).

 

No recuerdo mucho como fue el partido, pero lo que sí recuerdo es que si el equipo ganó el partido fue gracias a mí. Mejor dicho, gracias a que no me hicieron caso, jejeje. Me explico.

 

Llegamos al último cuarto con una ventaja entorno a los cinco puntos y en ese momento un jugador me dijo que nos pusiéramos en zona. Ya sabéis lo que opino de las zonas y, aunque con séniors sí suelo jugar con ellas, me cuesta mucho decidirme por poner una. En contra de mi opinión, el equipo se puso en una zona dos tres agresiva en el exterior. Gracias a varias recuperaciones y, sobre todo, a cerrar sus penetraciones, logramos irnos a una ventaja tranquilizadora.

 

No recuerdo que un partido  de los míos se haya ganado gracias a una decisión del entrenador, pero ese día sí que salí con la idea de que ganamos gracias a que no decidí como defender. Fui culpable de no haber leído esa situación defensiva (durante muchos minutos jugamos disimulada una caja y uno), pero prefiero pensar que tuve la suficiente cordura y no fui cabezón (raro en mí ambas cualidades) para escuchar y aceptar la opinión del equipo.

 

Eso es una cosa que siempre me gusta hacer. Preguntar e incluso, en un final apretado, pedir su opinión para qué hacer. Vale que sí, que al final es el entrenador el que decide, pero muchas veces, ahí, sobre la pista, sólo el jugador es capaz de ver cosas que el entrenador no puede ver.

 

Tras ganar me quedaban dos opciones: fustigarme pizarra en mano por no haber sido capaz de darme cuenta de esa situación táctica o felicitar al equipo por la decisión tomada. Evidentemente hice la segunda, pues no estoy yo para fustigarme... ni en semana santa. Me quedo con la parte donde salgo mejor parado, además, el jugador que primero comentó el cambio de defensa es entrenador así que todo queda en casa... los entrenadores molamos!!! Jajajaja.