Hace tiempo que debía de haber escrito estas líneas pero entre pitos y flautas la cosa se ha ido alargando (¿pitos?... alargando? Qué será lo próximo que escriba, penetración? ) y no me he puesto hasta hoy.
Resulta que ahora sí puedo decir que el objetivo que me marcaron para mis pescadetes en el comienzo de temporada está de sobras cumplido. Me dijeron que tenía que ganar seis partidos y, cuando aún restan siete jornadas, llevo ocho victorias. De hecho la semana pasada me dijo un chico que él nunca antes había estado en récord positivo y este año no sólo ya lo hemos estado varias semanas sino que ahora mismo estamos 8-7 y es factible que acaben la temporada con más victorias que derrotas... aunque también es muy factible que suceda lo contrario, jejeje.
Antes de que la gente se me eche al cuello y los ortodoxos entrenadores hagan que me piten los odios, ya sé que en estas edades uno no debe pensar en ganar partidos sino en formar, pero ¿a quién queremos engañar a estas alturas de le película? Después de tanto tiempo me conocéis y no hay otra cosa que "ponga" a un entrenador que la victoria porque, como muchas veces digo, "el baloncesto es genial, pero cuando ganas ya es la ostia".
Y como os digo una cosa os digo la otra. Nunca miro la clasificación, a veces hasta tengo que preguntar a los chiquillos dónde jugamos porque durante la semana no pienso en el partido para nada. Ahí es donde entreno y preparo a los jugadores, eso sí una vez a comenzado el partido y llegados al descanso donde todos han tenido su oportunidad de jugar... lo que me preocupa es ganar (a mí y al resto de entrenadores, la diferencia es que algunos mantenemos nuestros ideales... si es que los entrenadores tenemos de eso).
Bueno el motivo de mi alegría, aparte de recordarle públicamente a mi director deportivo que he cumplido y él me debe aún un asado argentino (debe ser por las crisis, pero aquí no veo incentivos económicos, sólo comida para seguir cebándome), más que por el número de victorias es por el cambio de mentalidad. Siguen siendo niños, que muchas veces van y vienen mentalmente, siguen haciendo viajes espirituales durante los partidos y los entrenamientos, viviendo en otros mundos ajenos a los físicos, pero al menos en parte han cambiado la mentalidad a la hora de jugar al baloncesto.
Veréis, para mí, la mentalidad es fundamental y uno no puede salir pensando en cuantos puntos va a recibir, a mí eso me mosquea un huevo... y parte del otro. Debo de tener antepasados argentinos o griegos, pero es que me hierve la sangre cuando mis chiquillos no compiten y eso poco a poco está cambiando.
Entiendo que estaban habituados a recibir palizas (ojo, aún las recibimos) y que sólo con el tiempo y apretándoles conseguiremos cambiar ese hábito, pero al menos ahora ya consigo que muerdan en la pista, presionen 40 minutos y hasta se enfaden si no ganamos. Ya sólo falta ponerles el video del Eurobaset del 87 para tener a mis pequeños griegos... Fasoulas, Giannakis, Galis, Christodoulou, Filippou ¡Qué recuerdos! ¡Se me saltan las lágrimas!
Bueno y para que no se digan que todo son flores para el entrenador y sus jugadores, también debo decir que el otro objetivo que nos dijeron no lo hemos cumplido... todavía. Ganar al eterno rival, el Morvedre. Es el equipo de Sagunto y ya sabéis que entre Sagunto y Puerto de Sagunto hay mucha rivalidad. Nos queda viajar a Roma aka Sagunto y allí espero que no salgan acojonados como en la ida. Si ganamos será la ostia porque no sólo cumpliría el otro objetivo sino que, teniendo como en el ayuntamiento a un concejal segregacionista, tendría contento a mis dos jefes y les podría pedir un aumento de sueldo y la renovación... sólo falta saber a quien le pido cada cosa.
Bueno os voy dejando aunque ya me podéis ir dando ideas para motivar y celebrar el año con los míos. Generalmente suelo invitar a mis equipos a alcohol gratis, pero teniendo en cuenta que [modo irónico On] mis chiquillos no beben [modo irónico Off] tendré que ir pensando alternativas.
Ellos quieren que me los lleve a un paintball, pero la llevan clara si piensan que me los llevo a la guerra. Vamos puedo acabar hasta las pelotas de que me den con pelotitas de pintura lanzadas a presión... Conozco a mis niños y sé que a estos no se les ocurre ni una idea buena e irían a por el mamonazo que les ha martirizado todo el año.


